UN MISMO PLATO

Segunda parte

SE DA AVISO A LA IGLESIA SOBRE EL ABURRIMIENTO GENERALIZADO

Se puede decir que la historia de Jenna y Chema Villatoro se debe también a ese sentimiento justificablemente arraigado en los latinos de protestar frente a cada nuevo movimiento de los gobiernos. Así, sucedió para fortuna de ambos, que la Empresa ‘Energuate-Luz de mi Tierra’, administradora de la corriente eléctrica en Huehuetenango, se le ocurrió subir las tarifas, así como pasa casi nunca, y los Guatemaltecos resolvieron pacíficamente no pagar la tarifa. 

Esto desencadenó una larga temporada de noches totalmente oscuras en el pueblo natal de Chema Villatoro, que es Camojá – en lenguaje maya: árbol grande de aguacates-, a excepción de muy contados lugares como la iglesia Mi Redentor Vive, cuyo edificio con planta eléctrica por aquellos días fue literalmente una luz en la noche, y su entrada libre le jugó a favor provocando que una ola inesperada de jóvenes muertos, no de espíritu sino de aburrimiento, terminaran pasando las noches reunidos en su salón principal. 

Así fue que se vivió una necesidad eléctrica en el pueblo de Chema por aquellos días, inspirada quizá por la misma sucesión del destino que ocasionó que, en una de estas noches de velada, el celular de su amigo Renardo estuviera totalmente descargado, en ese exacto momento y preciso lugar, para que así fuera Chema y nadie más el que se viera intempestivamente apremiado con el deber de anotar el número telefónico de la profe Jenna, como quien no quiere la cosa, y a pesar de no ser él el preguntón original. 


Entonces la poca luz y las posteriores clases de inglés jugaron su papel en esta historia, como fichas puestas en el tablero. Pero si usted es de los que no creen en el destino, le complacerá saber que Jenna Villatoro también sigue argumentando que el día que conoció a Chema fue víctima de una operación meticulosamente planeada. 

EL PRESENTE

Hoy Jenna y Chema son una joven pareja que vive en su nueva casa de south Philly. Sirven en su iglesia Philadelphia Praise Center, una congregación casi totalmente Indonesa, y que es liderada por el pastor Aldo Siahaan. Jenna trabaja además en MCC mientras que Chema trabaja para una empresa que realiza cuidado de exteriores. 

Jenna fue la primera en vivir ese río de experiencias agridulces que experimentan los inmigrantes cuando están en un país lejano al suyo, años atrás cuando fue a servir a Guatemala como profesora de inglés.

 Pero el extranjero ahora en los Estados Unidos es Chema. Los primeros meses los vivió en un pueblo llamado Norristown que está igualmente en el Estado de Pennsylvania, y fue en Norristown donde nos encontramos para conversar en una buena panadería, conocida por Chema desde los primeros días, con pan diferente pero tan bueno como el que prepara cada día su mamá en Guatemala.

Norristown, así como muchos otros pueblos de esta zona del país, es un lugar con una población numerosa de inmigrantes que vienen de parte de todo el mundo. En una sola cuadra se puede vivir cierta jaqueca con tanto aviso de comidas de todas partes, y frustración si eres de afuera y sabes que el tiempo es corto y sólo se tiene la capacidad estomacal para escoger un lugar.

LAS PALABRAS

En este pueblo Chema conoció a Oliver, un inmigrante de Bolivia, quien le diría en algún momento “ El idioma simplemente te cambia todo. Sólo después de dos años sentirás que volverás a ser tú de nuevo, porque sólo después de ese tiempo comenzarás a sentirte cómodo con el lenguaje”. 

Un inmigrante descubre que las palabras con las que decimos, siempre nos estuvieron diciendo. Siempre nos estuvieron creando. Mucho del idioma que nos enseñó nuestra madre hace parte de la materia de nuestra alma.

 Y si llegas al tercer país con la mayor población del mundo, frente a la complicada realidad que, por lo pronto, no vas a poder profundizar ni en el clima, no vas a poder preguntar correctamente cómo llegar a algún lado, ni siquiera vas a poder “hacerte el gracioso”… y además la ironía estará siempre como una sombra: jamás en tu vida aprendiste tantas nuevas palabras al mismo tiempo que nunca tuviste que estar tan callado…

Mucho de lo que es ser inmigrante se comprende con esa palabra: Silencio -¿sombra?-. Es un ser que desea tanto la profundidad del lenguaje para poder comunicarse, para poder conectar, pero los pulmones no le alcanzan. 

FRIENDS

Hendy Matahelemual es otro inmigrante que viene de Indonesia. Fue además una de las primeras personas que conoció el autor de este blog; Hendy, como un inmigrante con muchos consejos, me recomendó algo interesantemente sabio para introducirme en este nuevo universo de palabras: “Necesitas ver la serie FRIENDS”. Sí, la misma serie de 10 temporadas donde actúa una Jennifer Aniston debutante y se oyen risas pregrabadas cada 30 segundos. 

Pero la razón es profunda: “No sólo basta con aprender las palabras, también debes entender su significado; si aprendes qué los hace reír, los conocerás”. 

Chema no vio esta serie, pero también reconoce el valor del humor. La falta de comunicación es el muro más grande al mismo tiempo que las palabras son la materia principal para construir los puentes. Y es el caso de una gran cantidad de inmigrantes que uno de sus primeros objetivos es construir ese puente, incluso cuando, en medio de ese empeño, han tenido que renunciar en muchos sentidos de sí, trabajar por ejemplo en cosas nada cercanas a sus oficios o preparaciones. 

Las palabras, el destino, la fe, el trabajo, los amigos, son los remos de éstas vidas. Chema recuerda que gracias a que pudo trabajar por un verano como profesor sustituto y, de esta manera, gracias a la solidaridad inocente de los niños logró superar la gran prueba de la inseguridad al hablar en otro idioma. 


Cuando se habla con Jenna y Chema algo es seguro: son dos personas de fe y de amigos. Se deben a ambos. O si no pregúnteles por aquella vez que en Guatemala, frente a la inminente vuelta de Jenna a los Estados Unidos, Chema organizó una cena especial y en el instante de abrir la puerta de su casa lo primero que las velas iluminaron fue el hocico alegre de su amigo  y mascota Lucas, que comía de uno de los platos servidos.

 ¿El perro también era parte de esta conspiración romántica?

Autor: B. Javier Márquez