TRADUCCIONES

Primera parte 

Me parece que ya es tiempo de compartir a modo de sincero cuidado algunas recomendaciones enormemente útiles para cualquiera que planee tener en Philadelphia una estadía más larga que un viaje vacacional. 

Si usted sigue los consejos a continuación descritos al pie de la letra, puede que no le salven la vida en el sentido más dramático, pero estoy seguro que después estará agradecido; no obstante, si es su deseo, el camino directamente opuesto es probar y, siendo el caso, por favor cuéntenos qué reacciones recibe. 

Vamos con el primero, y notará que tienden todos a estar relacionados con el idioma: por favor, cuide su pronunciación y no siempre haga traducciones estrictamente directas; escuche los ejemplos, cuídese de pronunciar cuando esté agotado: “I need a Breast”, puesto que en vez de decir “necesito un descanso”, en cuyo caso la palabra correcta sería “Rest”, va a terminar diciendo “necesito un seno.

También mucho ojo con la palabra hamburguesa, usted no quiere decir “Bugger”, usted quiere decir “Burger”, así se va a salvar de decir “¡Me encantan sus mocos!”.

Además existe una tremenda diferencia entre las palabras “roomate” y “partner of bedroom”. Averigüen, yo sé por qué se los digo. 

Si quiere ensayar su inglés para ordenar comida asegúrese de ir a un restaurante donde no se hable ningún inglés sospechoso; haga las del espía y escuche bien el acento, no sea que usted, como Chema, quiera algo bastante norteamericano como una Pepsi y los meseros chinos terminen sirviéndole algo tan indio como un té. 

Y por último, y lo más importante, por favor, ¡asegúrese siempre, antes de entrar a su casa, de estar metiendo la llave en la puerta correcta! 

Si no sigue este último consejo créame que las consecuencias serán mucho peores. Usted en menos de dos minutos puede verse rodeado por dos hombres muuuy altos y fornidos, sufrir de migraña por la tempestad del cólera de una mujer bastante furiosa y probablemente asustada, que envía fogonazos de relámpagos con cada grito, en un idioma que apenas está comenzando a entender. 

Y sobre todo, la recomendación más importante dentro de la más importante, sólo por si las moscas -por casualidad-, por más verano que sea, procure no haber comprado un helado de fresa cinco minutos antes. Porque no sólo va a comenzar a sospechar que al final de su segundo día de trabajo va a tener que llamar a su jefe para que lo recoja de la estación de policía, sino también su brazo derecho va a comenzar a sudar crema. 

Lo bueno es que en mi caso tuve suerte y logré hacer que entendieran, o mediocremente entendieran, que fue un error, que no es mi culpa que su puerta sea tan blanca como la de Jenna y Chema Villatoro, que no entiendo cómo pueden tener el mismo número en la dirección y que ahora simplemente estaba perdido, quizá en la misma cuadra y frente a la casa más idéntica del mundo. 

Cuando por fin hallé la casa correcta, o mejor dicho, la casa correcta me halló a mí, lo supe inmediatamente sin siquiera revisar el número de dirección: en su puerta se leía un letrero grande, escrito en los dos idiomas que habla la feliz pareja: “WELCOME/BIENVENIDOS”.