Learning to be a Peacemaker / Aprendiendo a ser un Pacificador

by Jennifer Svetlik, Salford congregation

Javier Márquez, IVEP’er serving with Franconia Conference

“One of my greatest dreams is to learn how I can be a peacemaker. But before I go to the peace academy, the best way for me to learn is from other communities. I want to learn about their pain, their happiness, dreams, frustrations, and concerns. So I want to learn about you,” says Javier Márquez, an intercultural communication associate with Franconia Conference this year. 

Javier is a member of Mennonite Central Committee’s International Volunteer Exchange Program (IVEP). His placement is to work with the Conference communication team and record immigrant stories. IVEP is a yearlong volunteer work and cultural exchange opportunity for young adults.  

“I have been considering this opportunity with IVEP for a long time. I am so excited to have this amazing work,” Javier shares. 

Celebrating his sister’s birthday with two of his four siblings and his parents at their apartment in Bogotá.

Javier grew up in his ancestral home of Suacha, a city in the center of Colombia. He now lives in Bogotá, the capital. He has four siblings and his family is large, “like most Latin families,” Javier says. He is part of Teusaquillo Mennonite Church in Bogotá, and he is proud of his community because they take very seriously the call to be peacemakers.

Javier has also taken this call seriously; he refused Colombia’s obligatory military conscription for young men, and in doing so entered a two year legal process. With the support of the Mennonite church in Colombia and the nonprofit organization Justapaz, Javier finally won his case as a conscientious objector. “I believe that the nonviolent path of Jesus goes beyond refusing to be a part of wars and violence but also to work for peace with passion and commitment,” Javier reflects. 

Four years ago with friends and the support of the Mennonite church and Justapaz, Javier began an activism project about becoming a conscientious objector. The group is now called CoNova and is comprised of many different kinds of young people: students, writers, nurses, DJs, lawyers, psychologists, and more. 

Javier dancing salsa with Evie, an IVEPer from Canada at Orientation in Akron.

“Colombia is the land of coffee, salsa and Vallenato music, orchids and emeralds, traditional dishes litke sancocho (soup), aguapanela (hot sugary drink), arepas (cheese and corn flour cake), ajiaco (chicken, potatoes, and corn on the cob) and bandeja paisa (fried pork belly, red beans, plantains, and more),” Javier says.  “And it is impossible not to mention that Colombia is the land of Love in the Time of Cholera (a classic novel by Gabriel García Márquez) and of Macondo (the fictional town in another famous work by García Márquez, One Hundred Years of Solitude).”

Javier arrived in Pennsylvania in mid-August and is living in South Philadelphia. Each morning he drinks Colombian coffee and tries to read a poem in English to learn new words. He is still learning what a typical day will look like; so far he has tried to always listen with intense focus and open his eyes to everything around him so that he can understand the different ways of doing things here. 

“I have learned that the streets are too similar here; I say this jokingly because I have gotten lost twice. Never in my life have I learned so many new words, but at the same time, I’ve never been so quiet. I have learned a lot,” Javier shares. 

Javier has been visiting immigrant churches such as Centro de Alabanza, Philadelphia Praise Center, and Indonesian Light, to connect with people and write about their immigrant stories. He hopes to meet others who dance salsa, as he loves to do. When he returns to Colombia after his time with IVEP, Javier would like to work in community-oriented journalism. 


Javier Márquez, “IVEP’er” sirviendo en la Conferencia de Franconia

“Uno de mis sueños más grandes es aprender cómo puedo ser un pacificador. Pero antes de ir a la academia de paz, la mejor manera de aprender es de otras comunidades. Quiero aprender sobre su dolor, su felicidad, sueños, frustraciones y preocupaciones. Así que quiero aprender sobre ustedes”, dice Javier Márquez, un pasante de comunicaciones con la Conferencia de Franconia este año.

Javier es miembro del Programa Internacional de Intercambio de Voluntarios (IVEP) del Comité Central Menonita (MCC). Su colocación es trabajar con el equipo de comunicaciones de la Conferencia y grabar historias de los inmigrantes que son parte de la Conferencia. IVEP es una oportunidad de trabajo voluntario e intercambio cultural de un año para jóvenes adultos.

“He estado considerando esta oportunidad con IVEP por mucho tiempo. Estoy muy emocionado de tener este increíble trabajo ”, dice Javier.

Celebrando el cumpleaños de su hermana con dos de sus cuatro hermanos y sus padres en su departamento en Bogotá.

Javier creció en su hogar en el territorio ancestral de Suacha, una ciudad en el centro de Colombia. Ahora vive en Bogotá, la capital. Tiene cuatro hermanos y su familia es numerosa, “como la mayoría de las familias latinas”, dice Javier. Es parte de la Iglesia Menonita de Teusaquillo en Bogotá, y él está orgulloso de su comunidad porque se toman muy en serio el llamado a ser pacificadores.

Javier también se ha tomado muy en serio esta llamada; rechazó el reclutamiento militar obligatorio de Colombia para hombres jóvenes, y al hacerlo entró en un proceso legal de dos años. Con el apoyo de la iglesia menonita en Colombia y la organización menonita Justapaz, Javier finalmente ganó su caso como objetor de conciencia. “Creo que el camino no violento de Jesús va más allá de negarse a ser parte de guerras y violencia, sino también de trabajar por la paz con pasión y compromiso”, reflexiona Javier.

Hace cuatro años, con amigos y el apoyo de Justapaz y la iglesia menonita, Javier comenzó un proyecto de activismo para que se difundiera el conocimiento sobre el derecho a la objeción de conciencia. El grupo ahora se llama CoNova y está compuesto por muchos tipos diferentes de jóvenes: estudiantes, escritores, enfermeros, DJ, abogados/as, psicólogos/as y más.

Javier bailando salsa con Evie, un IVEPer de Canadá en Orientation en Akron.

Cuando se le preguntó qué deberíamos saber sobre su país, Javier compartió: “Colombia es la tierra del café, salsa y Vallenato, orquídeas y esmeraldas, sancocho, aguapanela, arepas, ajiaco y bandeja paisa. Y es imposible no mencionar que Colombia es la tierra de El amor en los tiempos del cólera (por Gabriel García Márquez) y de Macondo (la ciudad ficticia en otra obra famosa de García Márquez, Cien años de soledad)”.

Javier llegó a Pensilvania a mediados de agosto y vive en el sur de Filadelfia. Cada mañana toma café colombiano y trata de leer un poema en inglés para aprender nuevas palabras. Todavía está aprendiendo cómo será un día típico; hasta ahora ha tratado de escuchar siempre con un enfoque intenso y abrir los ojos a todo lo que lo rodea para poder comprender las diferentes formas de hacer las cosas aquí.

“He aprendido que las calles son muy similares aquí; Digo esto en broma porque me he perdido dos veces. Nunca en mi vida he aprendido tantas palabras nuevas, pero al mismo tiempo, nunca he estado tan callado. He aprendido mucho ”, comparte Javier.

Javier ha estado visitando iglesias de inmigrantes como el Centro de Alabanza, el Philadelphia Praise Center y Indonesian Light, para conectarse con personas y escribir sobre sus historias de inmigrantes. Espera conocer a otros que bailan salsa, como le encanta hacer. Cuando regrese a Colombia después de su tiempo con IVEP, a Javier le gustaría trabajar como periodista o comunicador social.