Capítulo 6, 2da p.

Segunda parte:

Los años 2000, visitas desbordadas, diez años después, continúan las fronteras, “un mundo feliz” y una vocación de servicio.

DEPORTACIÓN DE VIVIANA 

“…piense si eso le está sucediendo a su familia”, así quedamos en la primera parte de este capítulo sobre la vida de Aldo Siahaan, con su llamado a ponernos en los zapatos de los demás.

Él lo decía porque había calzado los mismo zapatos, pero, aunque suene extraño, años antes que su familia se volviera familia. Cuando con su esposa apenas eran amigos y se conocían iniciado el nuevo milenio al tiempo que asistían a la misma congregación.

 Su nombre es Viviana Chandra, una mujer de Indonesia, cristiana y descendiente china, una combinación que genera riesgos en la Indonesia musulmana. Viviana había inmigrado en el año 2000 a los Estados Unidos y se había radicado en la ciudad de Philadelphia, y entre el año 2000 y 2003 estuvo pidiendo asilo y protección al gobierno norteamericano,solicitud finalmente rechazada. Entonces tuvo que volver a Indonesia, Jakarta, misma ciudad de donde es Aldo.

Allí trató de reanudar su vida a impulso de trabajo duro, siempre con el desazón de la inseguridad, e incluso emprendió un proyecto empresarial de químicos. Todo empezaba a correr con tranquilidad hasta que en el año 2006 recibió una visita inesperada, era Aldo Siahaan con 27 horas de vuelo en la espalda y la buena noticia de su green card.

COSAS NO PLANEADAS

Algo debe tener la tierra de casa que es capaz de enamorar a quienes otras tierras en el pasado no han logrado generar esa magia necesaria que augura el destino de una vida compartida; incluso con comodidades como vivir sin ninguna urgencia pronta de separación, y contar con la trampa de poder conversar horas y horas en algún lugar público hablando su lengua madre, que la lengua de los sentimientos; diciendo cualquier cosa de adolescentes enamorados, esas indecencias que no obstante se leen con letras de molde en los diccionarios del amor, sin que nadie a su rededor les pueda entender ni la más mínima e inofensiva coquetería.

Así de irónica y atractiva comienza su historia juntos, no en Philadelphia donde se conocieron y eran dos seres solitarios, sino en Jakarta, su ciudad, su isla, cuando ya eran dos personas a quienes les costaría más que nunca el riesgo de estar juntos; conversando entre las inmediaciones de una visita precoz, matando las horas que quedaban de espera para que Aldo abordara ese avión que lo llevaría de vuelta a los Estados Unido, quizá por los próximos 10 años, y sin embargo detenidos en ese preciso momento de la existencia.

Cuando esa mañana de visita había terminado, cuando se despidieron y Aldo más tarde hacía la cola de vuelos internacionales en el aeropuerto de Jakarta, puede que ya fuera consciente que se había metido en un tremendo embrollo de corazón del cual no tenía ninguna escapatoria.

ÍRES Y VENIRES 

A pesar de lo súbita de la revelación las cosas fueron tomadas con bastante sosiego, un don quizá de su pueblo y forzado sobre todo por la distancia, y no fue hasta el año 2009 que se formalizó el asunto. Se casaron sin mucha más demora en el 2010, una década después de conocerse en Philly, y de este modo Aldo estuvo viajando desde los Estados Unidos hasta Indonesia un par de ocasiones.

Así fue que algo totalmente drástico cambió en la vida de Aldo: En Indonesia ya no sólo estaba su pasado, volvía a estar su presente. Pero el camino recorrido por él desde que en el año 1998 emigró a los Estados Unidos con 28 años, también por razón de la creciente violencia por parte de grupos extremistas islámicos en contra de la pequeña población cristiana, dejando atrás su familia y su buen puesto en la estación de radio Hard Rock FM, había sido largo ycomplicado; recientemente había logrado su green card y todo comenzaba a perfilarse con más tranquilidad en su vida hasta que las circunstancias de su destino compartido con Viviana llegaban como un drama con la fuerza de una tempestad de flores.

Una opción previa a radicarse totalmente en Indonesia era tratar de aplicar de nuevo por una visa con los Estados Unidos, pero el tiempo que Viviana debía esperar después de su primera negativa no se había cumplido, de modo que se les ocurrió la la buena idea de ir hasta las oficinas canadienses y montar la excusa de un post-grado para Viviana, con el único fin de acortar distancias y de esta manera intentar, entre parciales y entregas académicas, encontrar la forma de empezar a construir por fin una vida de esposos más cercana al trato diario, que es donde en serio se lima la vocación de pareja y no a base de visitas llenas de explosión y derroche sentimental.

EDÉN

Cuando Viviana recibió su diploma de inglés con énfasis en negocios, y ya se había perdido la cuenta de todas las horas de viaje en autobús desde Philadelphia hasta la frontera con Canadá, ya el tiempo de espera que exige el gobierno de los Estados Unidos se había cumplido y aplicaron de nuevo a la visa en el año 2014. Esta vez lo lograron y por fin Viviana y Aldo pudieron empezar a vivir juntos como un matrimonio común.

Han pasado los años y ahora tienen un pequeño bebé de tres años que llamaron Edén, igual al paraíso bíblico y sobre todo porque creen que le hace perfecta música a su significado: encantador.  Pero también el proceso fue lleno de altibajos y tristezas luego de sufrir la pérdida de tres bebés.

Esta mañana el nombre de Edén está anotado en una pequeña pizarrita con la cual le enseñan al bebé las vocales y las palabras. Me encuentro sentado en el comedor esperando a que Aldo termine su llamada para comenzar la entrevista y veo las escaleras que conducen al sótano. Una semana atrás dormí sobre un colchón allá mismo en una noche de celebraciones navideñas; Aldo cuelga la llamada y me ofrece unas disculpas innecesarias.

LA ERA DEL MOVIMIENTO

Hoy lleva con él un saco de color café crema y unos blue jeans, se acomoda la montura de sus lentes después de ofrecerme un té con galletas, y continuamos conversando acerca de lo complicada que se vuelve la vida de un inmigrante indocumentado, sin el derecho a un trabajo estable y sin derecho a comprar un carro, en el mismo país que habría inspirado a Aldus Huxley a escribir su famosa obra “Un Mundo Feliz”, distopía ambientada en un mundo donde la sociedad vive una nueva era después de Ford.

Un inmigrante indocumentado tiene que acostumbrarse a trabajar por horas y a ser contratado y despedido entre las horas del té. Así le sucedió bastantes veces a Aldo, hasta que logró hallar un buen puesto en la estación Pan Asian Radio en el año 2001, cuyas labores de locutor le permitieron conocer más a fondo los problemas y necesidades de las comunidades inmigrantes y también a ser reconocido por sus compatriotas inmigrantes como un referente benévolo, rumor que se extendió hasta su país de origen, donde también tiene su fama, y desde donde a veces envían sus hijos a una aventura con pocos dólares en el bolsillo y el número telefónico de un buen hombre anotado en un papel y guardado en la cartera, como el encontrado por los agentes de policía en el pantalón de aquel joven muerto.

Después, un amigo abogado que hizo en esos años de locución comunitaria lo contrató como asistente de oficina en su despacho. Tiempo que Aldo Siahaan aprovechó para aprender sobre las leyes, los derechos y asuntos jurídicos de los inmigrantes en Estados Unidos. Los años han pasado y Aldo va perdiendo su juventud pero su energía de ají y cafeína continúa siendo su combustible. Hoy sigue siendo un hombre feliz, entregado a su vida de servicio; con la particularidad que ni el tiempo ni las circunstancias le han robado el convencimiento sobre su misión de fe que consiste en “ayudar a las personas”.

Autor: B. Javier Márquez